Y una vez terminado, tuve suerte. El director del club del pueblo en el que resido, del club donde juegan mis hijos, del club que soy socio, hablo de David Losada, no dudó en ofrecerme un hueco para que pusiera en práctica todas las ideas que iba acumulando en mi cabeza cuando me estaba formando como entrenador. Me ofreció un grupo infantil y, junto a mi amigo Iván Borrero, nos pusimos a trabajar con la ilusión de un novato a mis 44 años de edad.
Con ellos, mis futbolistas, nos lo estamos pasando de miedo en este apasionante mundo de la cantera. Juntos disfrutamos de las victorias, aprendemos de las derrotas, sufrimos con las lesiones y los males, conocemos otros pueblos y, en definitiva, compartimos nuestras vidas en torno a este objeto esférico que puede ser tan simple, o tan complejo.